Una nana para un volcán.

Decimonoveno día. El volcán sigue rugiendo. Le cantaremos una nana para calmarlo. Ya nos ha dicho, lo que tenía que decir. Y con una profunda honestidad, una nana desde el corazón, para seguir conviviendo todos juntos en el alma de una isla del atlántico, de brisas y alisios y rayos de sol.

«Porque somos como una flor entre las grietas, capaz de abrir las nubes en los días más oscuros. De florecer y crecer en los días más claros».

Deja una respuesta