Decimooctavo día. Parece una crónica de niñez. Para ir a la playa del perdido teníamos que esperar a que bajara el mar para cruzarla, justo donde estaban las viejas bajas. Por arriba había un viejo camino casi de cabras, y también había una cueva que decían llegaba hasta el san Juan. Como niños algunos nos adentrabamos un poco, pero todo era oscuro y tenebroso. Luego, las autoridades la bloquearon y ya era imposible pasar. Se había ido desmoronando poco a poco. Era el tubo volcánico que partía del San Juan. Es una vieja leyenda de estos parajes, que algunos mayores contaban, tal vez como verdad, o como una fantasía para recordar.
un tubo volcánico ayuda ahora a que la lava discurra más fluida. Quizás vuelva a existir otra cueva del perdido.
