¡Un juego de símil para un volcán y oídos sordos!.

Vigésimo día. Estoy agotada, aunque ayer dormí de tirón, mi cuerpo así lo dictó. Sigo alerta, algo nerviosa y asombrada de los oídos sordos, quizás sea yo la que lleve a rajatabla las medidas de precaución. He decidido no vivir al límite ni con vendas en los ojos. Y aún, sigo cruzando los dedos.

Este volcán como buena parturienta ha desprendido toda su placenta y el fondo del útero sube al nivel del ombligo. Entonces debe producirse una potente contracción uterina para cerrar los vasos sanguíneos. A veces puede tardar en contraerse y esos vasos sangran libremente. Supongo que en estos momentos efusivos, está resoplando con un hondo y profundo suspiro. Ya está listo para la cuarentena. Cerrar vasos y cicatrices. ¡Aunque jo, que temblor, dolor y lágrimas en el cuerpo, tenemos todos!

Estos enjambres sísmicos se han repetido desde hace tiempo. Sin embargo, el 19 de noviembre de 2020, un resplandor en el cielo, desde abajo hacia arriba apareció cuando en una noche estrellada estaba en mi terraza, en la laguna. Fueron flashes, continuos, de un color azul verdoso o gris azul. Se habían producido fricciones de roca por la parte este de la isla.

comprendo que esta correlación sea desestimada por algunos científicos, sin embargo en la universidad católica de Perú, si han tenido en cuenta estos resplandores, cuando se producen los terremotos. Quizás deberían tenerlo en cuenta. Ellos lo consideran para una escala de 5, pero aquí la corteza del mar es más fina. Todas las variables cuentan. Tal vez en esa fricción empezó todo. Es una modesta y humilde observación.

Se ve un corazón de lava en un montículo de cenizas. De eso estamos hechos todos los palmeros
Corazón de lava encima de un montículo de cenizas. Así somos los palmeros.

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