Un potencial de aprendizaje con piedras y una lista de recomendaciones

Cuando compongo mis cuadros hechos con piedras, se suceden muchos motivos. Entre muchos, me gustan las piedras, expreso emociones, me encanta el arte.

También hay otros recomendados motivos; he aquí una lista de algunos de ellos:

  • primero, ayuda a mantener y desarrollar nuestra psicomotricidad fina; al manejar pequeñas o grandes piedras potenciamos la movilidad de nuestros dedos y de las manos. Se convierte en un ejercicio sano y repercute en una mejor salud,
  • segundo, fomenta nuestra curiosidad, intentando imaginar/identificar/explorar otras formas de crear y fantasear; explorando distintas maneras con materiales de la propia naturaleza.
  • tercero, estimula nuestra capacidad de abstracción y rotación; pues una piedra puede tener mil representaciones y al rotarlas, ver más posibilidades de expresión, formas, tamaños, etc.
  • cuarto, es una forma de socializar nuestras emociones/sentimientos, dando rienda suelta a un proceso creativo propio, motivador y compartido.
  • quinto, potencia el ingenio para encontrar y usar materiales naturales, reciclados, reutilizados, con los que podemos construir con nuestra imaginación.
  • sexto, desarrolla nuestra creatividad, para apreciar la sencillez de la belleza de la naturaleza, componer inspirándonos, y conectándonos con ella.
  • séptimo, entrena nuestras capacidades cognitivas, mejorando nuestra atención, concentración y nuestras funciones ejecutivas.
  • octava, promueve a aprender de los errores; a explorar tácticas de ajuste, de pegado, de composiciones, de combinaciones de colores, de marcos; de ir depurando y mejorando nuestra técnica y destrezas.
  • novena, nos proporciona un tiempo y un espacio de relajación, de concentrarnos en nosotros mismos.
  • décima, es divertido; una creación artística desde nuestro interior; una visión del mismo mundo compartido.

Y podría seguir añadiendo más. Es un inmenso potencial de aprendizaje.

Con su mirada me miro, y de su boca un hola salió. Tuvimos una pequeña y sugerente conversación. Y en el monte de pinos en la pausa del camino, seguimos charlando, hasta que retomé de nuevo el camino.
Título: «Una cara de piedra»

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