Al parecer nadie quiere hablar de problemas, todos tienen los suyos; la cuestión es que debería hablarse, es un día a día de cuestiones por resolver; hablar de fiestas o parrandas no ayuda al crecimiento personal, ni a la generosidad. Todos huyen, en vez de escuchar. Parece frívolo, egoísta y demasiadas facturas para el psicólogo que es el único que al parecer te escucha, te deriva al médico de familia, y hala, un tranquilizante para calmar. Aunque los problemas sigan ahí. Por eso nos hacemos egoístas de nosotros mismos, en un círculo que hay que romper. Al final es como la película «solo ante el peligro»; no queda otra, y paso a paso lo haces tu misma, como mejor puedas, resolviendo día a día esos detalles de la vida para intentar mejorar un poco más eso que llaman calidad de vida. Y como leí en un libro, «felicidad no, es alcanzar momentos de alegría; la felicidad no existe»,
Solidaridad¡