El ser desconocido hizo su aparición el sábado por la madrugada. Al poco tiempo de estar acostada, me alarmó un enorme estrépito que se oyó en el salón y el gruñido de mi gato. Me levante apresuradamente, y me encontré que una estantería completa de libros se hallaba totalmente desparramada en la alfombra. Tras el gran ventanal, en la terraza, sentado en una tumbona cómodamente sentado, el ser desconocido se restregaba la cabeza, con una expresión de agudo dolor en su rostro, mascullando entre dientes símbolos, palabras, justo encima de su cabeza, como aparecen en los dibujos animados…
Oí que quería probar unos de esos vinos de los que hablo tanto.
Estupefacta, no supe que decir.
Como era alucinante, extravagante, regocijante observar y escuchar a aquel estrafalario indefinible ser que no dar la voz de alarma, me dedique a lo primero.

1 comentario
Creo que conozco a ese señor desconocido, también entró en mi salón. Pero a mi, me pidió un puro.