un juego de cuentas y unas coincidencias

Caminando me he tropezado, y he estado con un cabestrillo en el pie y en la mano.

Caminar es una forma de conocimiento asociado al movimiento del pensamiento. Camino por razones muy diferentes.

Ha llovido polvo del desierto. Entra y sale, se dispersa, se concentra, se va. Y vuelve a entrar.

Hay un tiempo para captar el sentido donde todo se intercambia y circula.

La vida es puro teatro, pensé. Puede que representación tuviera casi el mismo sentido, pero ilusión se me antoja más acorde con lo que siento. Esa impresión tuve, en medio de los campitos, ahora que escribo.

Ya no soy aquella muchacha con relámpagos en los ojos pero aún guardo el brillo de quién se deja sorprender; de quién abre un libro para leer; de quién encuentra una pequeña piedra para componer.

Como mi ordenador, debo reparar, restaurar, reiniciar el sistema. Pero aquí nunca hay vuelta atrás, ni copia de seguridad.

La luna es una cruel amante para responder preguntas haciendo suposiciones con datos insuficientes. Y pues como mejor digo es comentando, comentaré.

¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud, de la calma? ¡Cómo estarán mis flores! Ah, las flores; banderas del alma, fragancias de color. Ah, sí, aspiro el dulce olor de mi jardín, y los tenues olores del mar.

Aún me quedaran dos semanas para poder, volver a caminar.

Se ve una tunera, o un cactus gigante

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