Teno Alto.

Día 3. Un lugar poco transitado, de belleza sobrecogedora. Donde solo sopla el viento; las brumas ondean los trigales secos; las cabras pastan al libre albedrío; los pájaros vuelan a tu vera; los caminos se perfilan viejos de antaño, de burros y caballos o simplemente de caminatas largas como recuerdos de transhumancia.

Paisajes que guardan sus secretos en terrazas escalonadas con huellas de otros cantares, quién sabe quién, cuándo, qué, dónde.

Transitar por tierras conocidas y no vistas, a través de carreteras estrechas que avanzan barranco arriba entre pequeños bosques de fresnos, faya y laurisilvas; donde se mezclan las tierras de monteverde con las terras secas; donde paisajes de piedras lunares aparecen a la vuelta de una loma.

Respiras hondo, absorbes todos los aromas perfumados; agudizas los sentidos como el revoloteo de las lejanas pardelas cenicientas; los camineros saltarines vuelan repentinamente.

En una conversación que habla intermitentemente, que se confunde con el mar, y con el viento.

Un bocadillo con unas naranjas y algún fruto seco, para degustar un expansivo paisaje de encanto y ensueño.

Buenavista¡

Se ve una pista en un paisaje que parece casi desértico, donde se confunden el monte, las huertas y el viento
Pistas de Teno Alto
se ve una manada de cabras pastando a libre albedrío. Se mueven por las sendas en busca de más pastos.
Cabras de gran talante y fuerte pelaje
Se ve un paisaje casi lunar de colores amarillos, por encima de las nubes y del mar
Paisaje amarillo
Se ve un camino con terrazas de trigo
Terras de terrazas escalonadas.
Se ve una moto enduro; en alto todo se ve de forma diferente.
Un viaje en moto; otra forma de ver desde el aire

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