Día 3. Un lugar poco transitado, de belleza sobrecogedora. Donde solo sopla el viento; las brumas ondean los trigales secos; las cabras pastan al libre albedrío; los pájaros vuelan a tu vera; los caminos se perfilan viejos de antaño, de burros y caballos o simplemente de caminatas largas como recuerdos de transhumancia.
Paisajes que guardan sus secretos en terrazas escalonadas con huellas de otros cantares, quién sabe quién, cuándo, qué, dónde.
Transitar por tierras conocidas y no vistas, a través de carreteras estrechas que avanzan barranco arriba entre pequeños bosques de fresnos, faya y laurisilvas; donde se mezclan las tierras de monteverde con las terras secas; donde paisajes de piedras lunares aparecen a la vuelta de una loma.
Respiras hondo, absorbes todos los aromas perfumados; agudizas los sentidos como el revoloteo de las lejanas pardelas cenicientas; los camineros saltarines vuelan repentinamente.
En una conversación que habla intermitentemente, que se confunde con el mar, y con el viento.
Un bocadillo con unas naranjas y algún fruto seco, para degustar un expansivo paisaje de encanto y ensueño.
Buenavista¡




