Me he despertado, y ya no logro volver a dormir. Se agolpan sensaciones con recuerdos de niñez. Contemplaba al Teneguía en una noche clara. Mis pequeños ojos asombrados veían aquel gigante de rojo, y con la cabeza mirando hacia arriba las llamaradas caían como si de fuegos artificiales fueran, aunque comprendía que no lo eran, porque sin dejar de mirar, como si estuviera hipnotizada, caminaba hacia atrás. Mi padre, que en paz descansa, me iba a buscar, me cogía de la mano y volvíamos a dónde la familia contemplaba el volcán. No sé cuantas veces retrocedí. No era temor, era, era fascinación, o una mezcla de las dos. Desde la profundidad de la tierra hasta las alturas de las estrellas había una conexión. Eso fue lo que esa noche pensé.
Es un viejo telescopio que hace muchos años compré y al que le tengo mucho cariño. ¡jo, lo dejé en el garaje y entre tantas cosas por recoger, que fastidio, que a él me lo olvide!.
No recuerdo ahora el día, el 17 o el 18 de septiembre de 2021, por la noche, hora canaria, sobre las 23h, desde el oeste cruzó un satélite que se posiciono en el este, encima del Berigoyo. Era Copérnico.
¡voy a preparame un café! Hoy será otro día largo.