Cuando vi el viejo cartel, aún de mosaico, recordé aquellas charlas tardías entre lecturas y amigos; la filosofía vagaba como el humo; las carcajadas bailaban con Zappa; todos nos dejábamos fluir como navegantes australes. Ahora, seguimos un juego de la oca entre autopistas intergalácticas. ¡Y salto por que me toca!
