el pueblo fuera de murallas!

se ha ido a un pueblo entre la montaña y el mar. Lleno de silencio, junto a brumas de sal. El viento es un acompañante, suave, resfrescante. Apenas se ven caminantes por sus calles; las ventanas están siempre cerradas; hay seres vivos detrás de esos portalones, se oyen cuando pasas por los adoquines de sus aceras. El sonido del mar es habitual, según sube o baja la marea, es más fuerte o más débil. Embiste contra rocas de volcán.

¡algo extraño este pueblo! O tan solo me es tan poco familiar! De la montaña bajan nubes a ras de las azoteas; se deslizan dirección oeste, o desaparecen fulminadas con los primeros rayos de sol. Una tenue campana resuena marcando las veintecuatro horas. Me recordó a un libro que acabo de leer; que sensación más rara!, yo aún no he visto al fantasma, o quizás, sea yo el fantasma.

vaya lío en el interior; la filosofía no esta de moda; la vida son cosas vivas, como esta emoción. Ay, el tiempo de la vida no se repone; me dí cuenta que he entrado en eso que llaman la vejez. Esa consciencia me desconcertó, solo fue eso, y algunas cosas más. Mientras haya versos, poesía de vida, con lamentos, con sonrisas, con un paso al frente, y el otro detrás. Asi es

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