Crónicas de un viaje de 8 días.

Día 1. Todo empezó en un barco. Una travesía hacia Tenerife y la Gomera. Navegar en el mar requiere equilibrio y buen estómago; por lo demás, ir en el centro del barco es lo más aconsejable; mirar hacia el horizonte lo más recomendable; evitamos marear.

Una vez en tierra, los pies o las ruedas te llevan sin balanceos a lugares recónditos de singular belleza. Es un redescubrimiento, una receta sencilla que apenas requiere tiempo y esfuerzo; produce grandes transformaciones.

Vuelves a mirar para ver con asombro como acontecen en nuestro interior sensaciones que se suceden de muchas maneras; conllevan gratos beneficios físicos y mentales; liberan y calman con gran parsimonia.

Es volver a asentarte en presencia de algo vasto e intenso, que trasciende más allá de nosotros mismos; es un sobrecogimiento inmenso, cautivador, donde nuestras reflexiones, nuestras percepciones nos brindan otra oportunidad para comprender que seguimos formando parte de un todo que quizás no logramos entender y sin embargo, nos ofrece un amplio abanico de razones y sentidos para continuar en nuestra propia y compartida travesía.

Impresiones humildes de unas vacaciones cortas e intensas; historias de aventuras plagadas de personajes frescos, propios y sorprendentes.

Lugares que merecen palabras de agradecimiento; de dicha íntima que llenan el alma; nos colman de una serenidad que nos infla el aliento.

Hablaré de esos lugares de suspiros, de belleza singular, silenciosa, apacible, embriagadora.

Es el principio de esta linda cronología de 8 días de disfrute. Encontré una inspiración y le seguí la pista. Acompañadas con fotografías de esos muchos lugares sublimes.

Un viaje movido por una larga travesía con fuerte marejada y olas en estampidas. ¡que sano salir a tomar aire fresco! Deliciosos días de mayo.

Panorámica del mar con fuerte marejada y viento de olas de tres metros, navegando por los costas de unas islas de canarias

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