Con filosofía, y llena de vida.

El ser estrafalario, indefinible y ya, no tan desconocido hizo su aparición en el salón. Sirviéndose por si mismo una copa de vino, me invito a sentarme, y atónita como estaba, me sirvió una copa que dejó en mis manos. Entonces comenzó a conversar en verso antiguo, todo esto que me dijo:

«No es breve la vida. Nosotros la abreviamos. No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Así también nuestra vida es harto espaciosa para quien la dispone buenamente.

Pequeña es la parte de la vida que vivimos; pues todo el otro restante espacio de tiempo es, que no vida. Pero de vivir se ha de aprender toda la vida, y lo que acaso te sorpenderá más, toda la vida se ha de aprender a morir.

¿Hasta cuándo haces cuentas de vivir?

Todo lo que está por venir se asienta en terreno inseguro; se vive desde ahora.

En tres épocas se divide la vida; la que fue, la que es y la que será; de esas tres, la que vivimos es breve; la venidera dudosa; la que hemos vivido es cierta e irrevocable.

El tiempo presente es brevísimo, pues siempre está en curso, siempre fluye y se precipita; antes que llegue, ya deja de ser y no admite parada.

No menos que el universo y las estrellas, cuya agitación siempre inquieta no se detiene nunca en una misma posición.

Depende de nuestra voluntad nacer a nosotros mismos.

Decía el viejo filósofo, que la filosofía esta exenta de las leyes del género humano; todos los siglos le están sumados.

Un tiempo es ya pasado? Él por recuerdo, lo actualiza.

Es presente? Lo utiliza.

Es venidero? Él lo disfruta por la anticipación.

Larga hace su vida la efusión en uno de los tiempos todos».

¡Buen vino!, me gusta tu pequeña vinoteca.

¡salud! ¡por la filosofía!.

Y con el, brindé! Y de un golpe seco me bebí toda mi copa.

¡ah! este ser estrafalario, indefinible, y ya, no tan desconocido, solo quiere beberse mis vinos! Pero no me importa. ¡Me gustan sus apariciones!

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