He llegado a Castrojeriz, un ratito a pie, y otro andando. Una estepa castellana verde y florecida. Creí que estaba en la nada absoluta, me equivoqué. Un lugar con encanto al que todavía ne falta recorrer. Me recibió un chaval de ojos verdes, llamado Francisco.
He caminado sus calles y recordé el libro de «la lluvia amarilla». Se ha ido el Sol y ha llegado la lluvia y el sonido de una tormenta. He conocido a personas encantadoras, otra cosa que puedo decir. Mañana seguiré con mi crónica. Con tod@s mis amiga@s que me acompañan en este camino.






