En un lugar del Atlántico, de cuyo nombre no logro recordar, saldrá una hidalga con armadura de caballero a buscar los molinos gigantes del viento, trotar por los caminos medievales del misterio, las ermitas perdidas, las piedras talladas, sentir el frío en su cuerpo, refugiarse bajo el calor de la chimenea chispeante con el sabor en la garganta de un buen vino de la comarca.
¡Ay, Sancha! me esperan venturas y desventuras en este largo recorrido. Con amor y valentía. Poesía, una sonrisa, crónicas a Carmen Rosa a carcajadas, ora a Susana en las mañanas; estoy emocionada, serena, tranquila, en marcha.