Enrique, un gran humanista, de palabra y de corazón. Científico, vulcanólogo, divulgador, profesor. Capaz de poner luz dónde había tanta oscuridad. Con un altruismo digno de los altares de los verdaderos sabios, impregnado de una portentosa humanidad. Con su bondad y conocimiento al servicio de los demás. Gracias a su esfuerzo, a su considerable labor de información, a su pasión. Es luz, luz de gran amplitud. De forma humilde, sensata y sin ninguna pretensión de gloria. Gracias Enrique, volcanes y ciencia hoy.
ya sé dónde se encuentran uno de los últimos humanistas. Enrique es uno de ellos. ¡Hagase la luz!.
Gracias. Aunque yo no me fio nada de ese volcán sin nombre. Y él será el que tenga la última palabra. Y al parecer aún tiene cosas que decir. Es inconmensurable.