y no puede dormir. Y da vueltas sobre la cama, de un lado al otro. No hay forma de cerrar los párpados. Y se levanta a escribir un par de líneas, come una galleta, enciende una vela, abre la ventana. El aire es fresco y huele a lluvia mojada. Bueno, seguramente despúes de tantos meses, será una dormilona dominguera. Sigue escribiendo poemas de emoción.