Bajé a la playa. Marea alta y bandera roja. Tres baños en la orilla, encima de la gravilla; con las espumas blancas saltando por tu cabeza, y el vuelo rasante de las cenicientas; el sol rajaba las piedras, y eran tan solo las 11 de la mañana. De vuelta a casa, un hada escurridiza corría por el jardín. ¡Vaya día más raro, perdí el sombrero, dejé la toalla, y volví a la montaña!.
El sol raja las piedras.