Amanece. No hay nubes en el cielo. Las bandadas de canarios vienen a beber en la pila de piedra; remojos y jolgorios; las flores abren sus pétalos con los primeros rayos del sol. Los lagartos barbazules marcan su territorio, con carreras y estrépito. Los mirlos cazas voladores revolotean en acrobacias sorprendentes. Una tenue brisa refresca la mañana con una taza de café. Hoy, hará calor.
Vivo en este mismo mundo en rotación; como los últimos versos de una gran poeta, bajo los naranjos y la hierbabuena; al giro de una veleta.
¡Ay, que sorpresas, deparará, este día!
