¡Un relato fantástico!

Título: La Luz tras la sombra

Un domingo salí a mi paseo del atardecer por un camino rural por la zona en la que vivo. Aún no había acabado de ponerse el sol, los pájaros cantaban; los cernícalos avistaban, algunos mirlos revoloteaban a vuelo rasante de aquí para allá; se oía el ladrido lejano de algún perro, el rodamiento de las piedras removidas por los lagartos o algún conejo, la suave brisa del alisio que bajaba de la montaña. Era un paseo como el de todos los días por un lindo paraje.

Encontrándome bastante alejada de mi casa, me entretuve por el camino, y la noche casi se me caía encima. Aunque tampoco tenía mucha prisa. Era un camino familiar, casi en línea recta, y que conocía  bien aunque cayera la noche. Encendí mi móvil y comencé a escuchar un audio, un cuento relatado fantástico. Llevaba unos diez minutos escuchando aquel audio, no recuerdo bien cuanto tiempo lo escuche,  cuando de repente me paré en seco, mire tras de mí, y atenta agudicé mis oídos; hablaban de una sombra negra que aparecía en la oscuridad y te perseguía. Aligeré mi pies con cierto temor en la piel; notaba cierta palpitación acelerada (pum-pum-pum) y refunfuñando me decía “maldita hora para oír tal relato de sombras tenebrosas”.

Mientras proseguía, miraba a ambos lados del camino, asechando ya, las sombras de la noche caída y con los pies a más ritmo. ¡Maldito audio!

Aún me faltaba un buen trecho del camino, ¡Maldita hora para hoy haber hecho la ruta más larga del camino! Entonces volví a pararme, y a escrudiñar todo en mí alrededor. En un momento indefinible todo se había quedado en un silencio abrumador, ni la brisa soplaba, no oía los últimos graznidos de los mirlos; era un silencio apabullador, extenso e inmenso. ¡Maldita, maldita sombra!

Me quede inmóvil; de repente la noche cayó cerrada como un manto negro y tenebroso, lóbrego y sombrío,  y lo envolvió todo a mi alrededor en una inmensa profundidad oscura. Unos escalofríos  recorrieron todo mi cuerpo; mi cara se desencajaba, se contraía; mi cuerpo comenzó a temblar con espasmos descontrolados; quería gritar, pero de mi garganta no salía ningún ruido. Me ahogaba, era como si no pudiera respirar. Intente volver a gritar, pero mis gritos se acallaban, no lograba articular ninguna palabra. No veía nada, era como si todo se hubiera desvanecido, y estuviera rodeada de una profunda penumbra de oscuridad.

Una sombra negra grande aparecía en esa masa oscura de la noche caída allá por el camino. Parecía como un enjambre negro azabache resplandeciente en toda aquella oscuridad. Avanzaba con lentitud con unas enormes zancadas, como si se recreara en su avanzar,  haciendo un ruido atronador y silbante de cuchillas al afilarse y se acercaba más lentamente a donde me encontraba. Intenté de nuevo gritar, moverme, pero mis convulsiones me mantenían inmovilizada. No lograba reaccionar. Algunas lágrimas ya bajaban  por mis ojos asustados y agrandados. No lograba que mis pies corrieran. Me sentía desfallecer. Casi quería desaparecer.

Por un instinto, no sé porqué, conseguí coger el único cigarro de mi chaqueta y con una rapidez pasmosa le prendí fuego. ¡Aaaaahhh!, un grito del estomago salió por mi garganta; como si fuera un eco que se reprodujera a mil revoluciones ¡aahhhhhhh!, era un grito aterrador, que salía de mi alma. Esa sombra estaba a pocos metros de mí. ¡Maldita, maldita, no te acerques a mí! Retumbaban en mi cabeza las palabras que acababa de decir.

Movida como por un resorte, me arrodille en el suelo pedroso, y me abrace a mí misma temblando, conmovida, aterrorizada y llorando a moco tendido y totalmente horrorizada. Sentí un miedo paralizante y abrumador. Unos fuertes latidos en mi corazón y una angustia que me revolvía el estomago, con punzadas de dolor, que subían hacia arriba hasta la garganta. Mi respiración fatigosa, entrecortada, delirante. Aahhhhhhh, volví a gritar, ahhhhhhhhh. ¡Maldita! La tenía casi frente de mí. AAhhhhhhh, no tenía cara, no tenía ojos, no tenía nada, era un cuerpo sombra repelente, azabache brillante y zumbante. Aahhhhhhhhh, aahhhhhhhhh, aaaahhhhhh.

 De repente, en un breve instante, casi un pestañeo, vi una luz natura, honesta y sencilla, que se interpuso entre yo y la sombra negra gigante. Desconcertada como estaba la contemplé un buen rato, con mis manos temblando y el corazón bastante acelerado (bum bum bum, tucutún tucutún, tucutún). Vi como en un remolino ondulante se disipaba la oscuridad de la noche  cual tal aspiradora aspirase, y la sombra enorme delante de mí era absorbida, engullida como si fuera por un vórtice invisible que la alejaba de mí. Y en un gran agujero negro era tragada, y vi aquellas enormes zancadas como se resquebrajaban, oí el sonido de un grito espeluznante que no sabría describir.

Intentando serenarme, recuperar la calma y comprender la visión que había tenido, solo atine a mirar a mí alrededor. Los perfiles del camino, de las montañas, de la noche estrellada aparecían ante mí. Todo parecía haber vuelto a la normalidad. Respire con una sonrisa, mis facciones se fueron relajando, bufé un fuerte resoplido, tranquilice mis manos. Respingue la nariz y volvía a mirar a mi alrededor. Aquella luz seguía ante mí. Tibia y cálida; note como me abrazaba con tierno candor en un abrazo lleno y completo; me acariciaba mi cabeza con suaves y tranquilizadoras caricias y me cantaba una melodía como si fuera una dulce nana. En un susurro oí unas palabras con una bella voz pausada y profunda, que me decía:”no te preocupes mi niña, estoy junto a ti”. Y dentro de mi cabeza se fueron dando paso esas palabras, como cuando se disipa una tormenta y el mar vuelve a estar en calma.

Me levanté, me sacudí las extremidades, estire mis pies y proseguí el camino con naturalidad, aspirando las fragancias de las plantas y el perfil estilizado de las montañas. Y comencé a silbar una melodía: “un ser de luz no puede ver sombras”.

Con ritmo más calmado, divise a unos cuantos metros la silueta de mi casa. Sentí un gran alivio al llegar a la puerta. En todo ese trayecto esa luz me acompaño en el camino. Di las gracias, abrí y entre por la puerta. Y la luz con un gran esplendor desapareció.

Se ve una figura extraña; un esqueleto de un viejo árbol; un ser corriendo de forma rara; tan solo algo de un "déjâ vu", o quizás, nada; figuraciones de un día extraño

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