Pues de los errores también aprendo, y ello me lleva a experimentar. Es bueno hacerlo.
«Y es que de pequeñita era más divertido todo. Mi forma de existir se extendía entre el cole, los juegos, las muñecas, las amigas, y el mundo que no entendía. ¡ Y disfrutaba!
Y las explicaciones que dábamos a lo que no entendíamos eran más sencillas que las reales, o más complejas, pero sinceras siempre, y precarias también.
Y se podía dar cuarenta explicaciones a las seis de la tarde y cambiarlas a las diez».-
Pues eso, también me equivoco. Un impulso invisible pero real, irresistible, me induce a continuar esta parte de mi que se transforma.
Es bueno renovar nuestra capacidad de asombro – dijo el filósofo-.