¡Sin palabras!, he tenido que beberme una copa capricho de un trago.
Un paseo sobre el solar de una primitiva iglesia del siglo XII, dónde aún se puede apreciar el color de las piedras. Luego fue entrar en el Museo del Bierzo, y tuve que aguantar la respiración;la memoria de las piedras es embriagador, y me gusta como hablan, tanto tiempo en sus entrañas.












y con Atapuerca casi al laito, me he tenido que sentar, y volver a saborear este delicioso blanco del Bierzo «Capricho».
ay, cuán largo es el tiempo!, y tan lejos de su principio,…, sí, continuo movimiento a su propia manera