¡lava, lágrimas y un volcán!

Trigésimo tercero. Lágrimas como las coladas de lava corren por mi cara, lágrimas por mi casa; mis dragos, mis palmeras, mi pino, mi viejo moral, el seto de romero, las flores de mi jardín, y todos los habitantes diminutos que vivían en ella.

LLoro lo que he defendido hasta el final; un proyecto de vida se solidifica como las rocas volcánicas que ahora lo guardan debajo de sus entrañas. Volveré con la frente marchita, con arrugas en la frente, a decirle Adiós. Quizás alguna flor entre sus grietas volverá a resurgir.

Seguiré con una cicatriz más en este recorrido de la vida. Y no sé porque, recordé aquel libro «Humo» de José Ovejero, que rescate de la mesa.

Adiós, mi querida casa Casablanca, te llevo en mi corazón.

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