Esta es la historia de uno de los muchos habitantes de mi jardín; entre ellos, vive una colonia de mariposas emperador con múltiples flores de tan gustoso olor.
Una mañana soleada y clara, contemplé como una mariposa perseguía a una pareja de cernícalos. Esa pareja, la verdad, llevaban toda la mañana haciendo un ruido atronador; estaban en pleno cortejo revoloteando de la palmera al moral, de aquí para allá; bajaban a tierra firme y correteaban revoltosos y amorosos por todo el jardín, gri, gri, gri, gri. ¡Vaya escándalo que se tenían!
La mariposa alzo su vuelo desde la flor, y con sus aleteos comenzó a perseguir a la pareja estruendosa. Ascendieron, ascendieron, y ella firme y resuelta los perseguía más, más arriba. Hubo una carrera encima de los cielos; ella aleteaba, aleteaba, siguiendo a los cernícalos amorosos, que con gran fastidio iban alejándose más allá del jardín.
Ella regresó, inspeccionó revoloteando en círculos su territorio, y con más calma en el ambiente, se posó; plegó sus alas, y susurró:
¡Es que esa pareja era muy escandalosa! ¡Que ruidosos son los amantes en sus cortejos amorosos !¡Que se vayan a hacer ruido a otra parte!.

