Un paseo matutino por la playa; con los pies en el agua; sobre la arena, sobre las piedras.
Una ruta al verde que te quiero verde para respirar el aire limpio; las fragancias de las plantas en el cuerpo; los colores celestiales del cielo.
Una comida casera con un vino debajo de un pino. Una siesta soleada y clara.
Retomas el camino. Vuelves a la ruta del viajero dominguero.

