En su mundo secreto ella es todo lo contrario al personaje real, en ella viven audacias y aventuras. Estructura sus fantasías con tanta intensidad que desaparecen las fronteras entre la verdad y la ficción.
Evelina declaró que vivía del paro y que trabajaba a media jornada de auxiliar administrativa en una asesoría. Al segundo día me contó que escribía versos de amor desesperado y que sabía canciones de rap, que entonaba al son de una guitarra.
Esto fue lo que ocurrió. Era la tercera noche. Estábamos por el paseo, camino de la playa del perdido, cuando de repente Evelina desapareció entre las plataneras del camino. Estuve buscándola unas cuantas horas, sin encontrarla.
Aquella tarde me dejó tan intrigada, y sobre todo de nuevo tan atrapada por la dulzura que encerraban sus palabras, que durante un tiempo su imagen regresaba a mi de forma espontánea.
Se me olvido de mirar el reloj, de tener prisas.
La encontré al tercer mes, en el jardín secreto.
