Que llegó con historias de tierras lejanas, con el aroma de las pinturas rupestres y el sabor de las leyendas ancestrales africanas.
Grano a grano, como el polvo del sáhara, inundo de alegría la fantasía de unos ojos de una mujer con corazón de niña; grano a grano, estimuló su imaginación de soñadora a grandes vuelos.
El hombre del desierto como el viento, volvió a recorrer las nubes del cielo; como mar, navegó por los inmensos océanos de color azul intenso; como sol, iluminó el corazón latente de los mil sueños; como estrella luminosa titilaba en ese vasto universo.
Al hombre del desierto le deseo el gran resurgir de su misterio. Bajo la luz de la luna le soñé, y miró mis ojos en sus sueños. Recordé que le amaba y que a él le buscaba.
